jueves, 28 de junio de 2018

Concurso literario Sto. Tomás de Aquino. Premio Narrativa Bachillerato

Hoy os ofrecemos el trabajo de la alumna Beatriz Carreras, 2º BTO B, ganador en la modalidad Narrativa Bachillerato.

¡Que nadie baje! 
– Memorias de un anciano – 

Bajé por las escaleras. Estaban muy empinadas por lo que tenía que ir sujetándome a las paredes para no caerme; lo cual tampoco era muy complicado, pues estaban tan juntas que lo más complejo era bajar frontalmente. Además, fueron construidas formando una espiral. ¡Madre mía qué complicado fue! Mientras mi cuerpo se entretenía en esa hercúlea tarea, mi mente recordaba todos esos libros e historias que mi padre me contaba para que me fuese a dormir, que aunque lo único que conseguía era desvelarme por imaginarme el final que me contaría al día siguiente, siempre dejaban en mi corazón la huella de mis ansias de aventura. Todos ellos se agolpaban en mi cabeza y las figuras de caballeros, reyes, piratas, ladrones y asesinos galopaban fugazmente por mis sentidos. Y cuando volví a recobrar la conciencia de lo que estaba haciendo, había empezado a palpar las paredes a cada paso que daba para ver si encontraba algún mecanismo que me mostrase otra escalera oculta o un pasadizo, tal y como tantas veces les había ocurrido a mis personajes tan queridos. Por fin llegué al final; una parte de mí se alegró por haber acabado de descender esas infernales escaleras, pero mi parte más juvenil se desilusionó por no haber encontrado nada de aquello tan deseado. 

Había llegado a una sala muy amplia. Para mi sorpresa, sus paredes estaban desnudas, no había mueble alguno pero, al mismo tiempo, estaba muy decorada. El techo estaba lleno de molduras formando dibujos y en el centro una gran lámpara, de grandes dimensiones, lo suficiente para que su altura me superase. Las paredes no tenían murales colgados de ellas sino que ellas mismas era en el cuadro; estaban construidas con una especie de ladrillos de diferentes colores los que, al unirse, forman una obra de arte un tanto extraña, a mi parecer. Y por último, el suelo; me produjo una gran curiosidad ya que bajo el pavimento sonaba como si agua líquida circulase por canales; además de que estaba parte empedrado y parte recubierto de un extraño material desconocido para mí. Empecé a recorrerla. Primero palpando las paredes, y después iba acercándome al centro hasta justo debajo de la monumental lámpara. Ésta estaba fabricada de cristales. No sé si pasaron cinco minutos o una hora, pero todo el rato estuve contemplándola. Había algo en ella que me atraía irremediablemente. Sabía que llevaba mucho rato desgastando mi mirada en aquella araña de vidrio, pero por mucho que mi mente le decía al cuerpo que siguiese investigando esa sala, éste seguía fijamente admirándola. 

– Quizá no me creáis con lo que os voy a contar. Yo aún no estoy seguro de todo lo que pasó entonces, pero, por si acaso alguien vuelve a bajar a esa sala y le ocurre algo parecido, espero que encuentre este escrito y no se vuelva loco; tal y como algunos me describen a mí. ¡Eso ya le ha pasado una persona! Ahí hay algo fuera de este mundo terrenal que conocemos. De todo lo que ocurrió solo estoy seguro de dos cosas. La primera es de cómo empezó todo: andaba yo mirando la lámpara y todo empezó a dar vueltas a la misma velocidad que se movían los cristales de aquella majestuosa obra. Y segundo, que cuando acabó, si así puedo definirlo, estaba tumbado en el suelo, rodeado de un charco de colores difuminados, con los ojos abiertos de par en par cuyas órbitas parecían salírseme de las cuencas en las que los encerraba. Aunque la vuelta al hotel se me hizo interminable, lo conseguí. Y bueno, lo que pasó en esa sala… Digo en esa sala porque la lógica de mi razón se niega a aceptarlo, pero mis recuerdos me alejan velozmente de ella. La experiencia fue tan fuerte que aún, tras tantos años, si cierro los ojos puedo recordarlo perfectamente. – 

Seguía mirando fijamente la lámpara; y a pesar de no poder desviar apenas la mirada, tras mucho esfuerzo, mis pupilas captaron el mural de una pared, en él, identifiqué a un hombre que tenía una semejanza increíblemente cercana conmigo; estaba con la cabeza vuelta hacia la lámpara, de donde salía un amplio haz de luz blanca. Poco después de haber interpretado la imagen, todo se tornó muy brillante y empecé a verlo completamente negro. 

– Juraría que el hombre que vi en el mural era yo, cual espejo de la realidad; pero mis recuerdos me niegan esa posibilidad ya que, cuando estaba recorriendo la sala palpando las paredes, había estado fijándome en los dibujos y eran más bien abstractos, con leves rasgos de animales carnívoros. Después de eso, recuerdo algo que, en nuestro mundo espacio-temporal es más bien imposible. Pero yo sigo firmemente convencido de que esto escapa nuestra realidad. – 

Todo estaba negro. Me hallaba flotando en el aire. Y, de repente, apareció una escena con seres humanos. Intenté gritar, hacerme notar, dar señales de que estaba allí; pero algo me tapaba la boca, no pude emitir sonido alguno. Tras agotar casi todas mis fuerzas en los fallidos intentos de hacer sentir mi presencia, me fijé detenidamente en la escena que estaba viendo. ¡Éramos nosotros! Estaba allí, de pequeño, recordaba ese día perfectamente. Ese día me peleé con mi hermano y tardamos casi una semana en volver a hablarnos ¡Y eso que dormíamos en la misma habitación! 

Lo recordaba al completo, pero ¿qué hacía allí? Parecía que no me veían, pero yo a ellos sí. En aquel momento pensaba que yo llevaba la razón, pero después de algún tiempo vi claro que me había equivocado. 

En ese momento pasó algo que escapa de toda lógica. Sentí un pinchazo en el pecho y me pitaron los oídos. – Sí, hasta aquí todo normal, ya lo sé. – Después, la escena fue como si fuese una visión opuesta a lo que sucedió antaño. Pues, estaba observando como mi “yo” pequeño se disculpaba ante mi hermano. Durante muchos años había querido cambiar mi reacción, pero nunca había sabido cómo. Era la escena que tantas veces quería haber realizado y que jamás había conseguido. Pero lo peor… – Bueno, peor, los errores del pasado nos hacen cambiar y con ellos nos vamos formando, por lo que yo, sí yo, lo considero como un cambio a peor. – lo que ocurrió, es que olvidé el recuerdo del que tantas veces me había arrepentido y fue sustituido por esa escena que acababa de ver. 

Tras percatarme de ello empecé a precipitarme en el vacío hasta que apareció otra secuencia de la que también me arrepentía. Ocurrió exactamente lo mismo: mis recuerdos fueron sustituidos por la escena que vi, la que se había modificado tanto como yo lo había deseado antiguamente. Tras haber cambiado todos mis recuerdos negativos con la familia, cambiaron los de mis amigos y así hasta que no quedó ninguno que desease modificar. Luego todo se tornó rojo y empecé a temblar. Comencé a olvidar ciertos acontecimientos que me habían pasado. ¡Claro! Al no haber cometido esos errores, no me castigaron o no tuve esas represalias, por lo que todo lo que me había sucedido a raíz de esos fallos, ya no tenía sentido que me ocurrieran entonces. ¡Por eso lo estaba olvidando, jamás habría sucedido nada de ello! Estaba histérico. No quería olvidar nada; es verdad que quería cambiar la forma en la que actué, pero arrepentido de lo que me había ocurrido después no estaba. 

Tenía que salir de ahí; así que pensé en un plan. – Creo que es la mejor idea, mejor formada, planteada y ejecutada de todas las que en mi vida mi mente ha ideado. – Era difícil, pero viendo lo incoherente tan real que me estaba pasando, aquello podía funcionar. Se supone que cambiaba aquello de lo que me arrepentía, ¿no?, por lo que pensé que, si me arrepentía por haber bajado esas escaleras y entrar en la sala, ésta podría volver atrás y que no lo hiciese; y así saldría definitivamente de allí. Solo había un problema en todo mi glorioso plan: si olvidaba las consecuencias de mis actos, ¿quién me impediría volver a bajar a aquel sótano y sufrir lo mismo una y otra vez? 

¡No, no, no! Tenía que salir de allí, recuperar mis verdaderos recuerdos que poco a poco estaban siendo modificados y huir para no regresar jamás. Ahora solo pensaba en mi supervivencia; que alguien más pudiese entrar allí me era indiferente: primero iba yo, mi salvación. No sabía cómo salir de allí, y mi reacción fue romper a llorar. Era un acto inútil, no iba a ayudarme a resolver mis problemas, pero podía liberarme del creciente estrés que me asolaba. Llevaba ya un rato llorando, casi me dolían los ojos cuando por fin decidí abrirlos. El antiguo color rojo habría pasado a un morado claro y ahora estaba tornándose azul; como si fuesen mis lágrimas las que lo hubiesen pintado. No sé por qué, pero ese color me produjo calma, las últimas gotas rodaron por mis mejillas, y la paz vino a mí. 

Bien, ahora solo quedaba una cosa: salir. Con miedo por la posibilidad de olvidar cómo había llegado hasta allí, empecé a recordarlo todo: el avión, el bosque, la construcción, las escaleras, la sala, los murales, la lámpara y esa momentánea imagen de la pared. Decidí reflexionar, cosa que hasta entonces no se me había ocurrido. Concluí en que si había visto lo que me iba a ocurrir, también podía haber visto cómo saldría de allí. – Sí, ahora, analizándolo, me parece una visión muy positiva ya que quizá mi salida no se iba a producir y ese pensamiento era totalmente erróneo, pero se supone que la esperanza es lo último que se pierde, ¿no? – A ver, recordemos: todo había empezado con la lámpara, su luz, el giro de los cristales que la constituían… Ahí estaba la solución: si encontraba la lámpara y la rompía, saldría de esa pesadilla. Con mi nuevo plan en marcha, me puse a desarrollar mi costosa tarea: reencontrar la dichosa araña. 

Intenté caminar, pero me resultaba imposible; así que agité los brazos. Y por irreal que suene, sentía que me desplazaba. ¡Podía volar! Estuve un buen rato desplazándome, era una sensación que jamás había experimentado y que jamás podría volver a hacerlo; ya que si salía, en la realidad es imposible o si moría en el intento no podría. Estaba muy distraído del objetivo que me había planteado hasta que escuché agua. 

Recordé los canales bajo el suelo de la sala; ahora los oía como si estuviesen mucho más cerca; pero ahí estaban, eran los mismos canales, el mismo ritmo del agua pasando por ellos. No andaría muy lejos de la lámpara, de las paredes que me mantenían dentro de esa cárcel, de esa jaula. ¿Jaula? ¡Jaula! Eso era, las paredes son como las rejas de las jaulas, por eso los animales retratados. ¿Y si, en vez de ser animales carnívoros eran otras personas que no habían conseguido salir de ahí? ¿Estaría alguien o algo dibujándome a mí en este mismo momento? ¿O sería ese cuadro que vi modificado el que me representaría? ¡No, no lo iba a permitir, tenía que escapar como fuese! Mi mente se puso en funcionamiento con tantas ideas de animales; el bosque, había pasado por ahí, y durante mi tranquila travesía – Sí, jamás pensé que de una excursión por un bosque podría haber acabado encerrado, en donde estuviese, muriéndome lentamente. – Había estado cogiendo distintos frutos, hojas y alguna piedra que me había parecido de forma extravagante. 

Entonces caí. Aquello era mi salvación, la piedra rompería los cristales y me sacaría de esta prisión. Tenía tres, mas valía que acertase o podría darme por muerto. Nadie sabría por qué habría desaparecido, ni dónde. También dudo que me buscasen; aunque sería mejor así, de esta forma nadie más estaría expuesto al arcano dilema en el que me encontraba. Decidí alejar estos malos pensamientos. – Entonces tiré la moneda al aire. Cualquiera me llamaría insensato, pero era la única solución que veía y que sigo viendo. – 

Guiado por los sonidos de los canales, intenté ubicarme como si estuviese todavía en esa sala. Me coloqué debajo de donde se supone estaba la lámpara; cogí una piedra y la lancé con todas mis fuerzas. No ocurrió nada: de hecho, ni siquiera cayó la piedra de nuevo (lo que habría sido de esperar). La desesperación inundaba mi cuerpo, tenía dos intentos más, pero no sabía hacia dónde dirigirlos. 

Empecé a sollozar, pero unas risas se alzaron por encima de mi respiración. Sonaban por todos lados, no sabía de dónde venían. Y de repente, aquello que me tapaba la boca se soltó. Grité: “¿quién eres?, ¿qué haces?, ¿por qué te escondes?, ¿dónde estoy?, ¿por qué me has traído aquí? ¡Sácame de aquí!” Pero lo único que obtuve como respuesta fueron múltiples risas. Aunque había una que sonaba con más intensidad, debía estar más cerca. Noté un soplo de aire, ¿habría pasado a mi lado? Lancé mi segunda piedra en esa dirección. Lo único que conseguí es apagar las voces. Sentí tensión en el ambiente. El azul se volvió rojo de nuevo, pero esta vez un rojo sangre. Sentí como una presencia venía hacia mí, como dispuesta a acabar con aquello, como si prolongar más mi vida fuese innecesario. No podía defenderme, excepto con una piedra, mi última piedra. La lancé con todas mis fuerzas. 

Todo paró de golpe, sentí cómo me caía al vacío hasta que colisioné contra el suelo. Fragmentos de cristal comenzaron a precipitarse sobre mí. Por cada cristal que me producía un corte, sentía cómo iba recuperando un recuerdo real. 

No sé cuánto rato estuve inconsciente, pero cuando abrí los ojos, me encontraba en esa maldita sala de nuevo. Magullado y casi sin fuerzas me levanté. Rápidamente desvié la mirada del techo para evitar volver a entrar en ese infierno. Quería volver a mi habitación, hablar con mis seres queridos; deseaba que esto sólo hubiese sido un horrible sueño. Estaba ya cerca de las escaleras, cuando decidí mirar por última vez la imagen donde me había visto reflejado antes de todo: volvía a ser un cuadro abstracto, pero vislumbré la cara de un ser endemoniado, cuyos ojos empezaban a brillar, y su aspecto mostraba un colérico enfado. – He buscado fotos de posibles seres que se asemejasen a lo que vi, pero ninguna me satisface. – Antes de que algo volviese a ocurrir, subí atropelladamente las escaleras. En un punto, debí de apoyarme en la pared para retomar el aliento; y allí, aparecieron mis ansiados pasadizos secretos. Éste se dirigía hacia abajo. ¡Ni loco volvía yo a dirigirme hacia allá! Terminé de ascender los peldaños. Salí precipitadamente de allí. 

Volví a internarme en el bosque hasta que la ciudad se asomó a mis ojos. Estaba a salvo.


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